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El fotógrafo basado en Nueva York descubrió junto a un grupo de dominatrices que tras la práctica del BDSM se esconde un núcleo lleno de deseo y comprensión.

Fotografía: Samir Abady  

De acuerdo con el fotógrafo neoyorquino Samir Abady, la clave del BDSM (la práctica del Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo) es la confianza. Ha sido testigo de la profunda intimidad profunda que envuelve el interior del calabozo de una dominatriz; ha habido momentos tan delicados que el click del obturador podría romper el hechizo. Kink es su crónica en curso sobre las mujeres que se aventuran en el mundo profesional del BDSM, los sumisos que confían en ellas, y los acontecimientos del día a día en sus vidas cotidianas, o como diría Abadi: “vainilla”.

Desde el comienzo, la intención del fotógrafo nunca fue sensacionalizar el mundo del fetichismo, sino llegar a los adentros de lo que parecía prohibido para revelar un núcleo lleno de deseo y comprensión. Al igual que con la práctica del BDSM, adquirir y mantener la confianza es una constante, y pudo ganarse la fe de sus modelos haciendo fotos a lo largo de varias sesiones. Mientras más copias de las fotos les mostraba, más bajaban la guardia.

Todo comenzó con una sola mujer, y de allí, conoció muchas más. Todas trabajan de manera independiente, con sus propios horarios y de acuerdo a sus propias reglas. Las fantasías elaboradas de las dominatrices toman gran cantidad de trabajo, y las que son buenas de verdad están en aguda sintonía psicológica con los demás. Construyen un laberinto mental, un juego en el que tanto ellas como sus compañeros pueden explorar los contornos más oscuros del cerebro humano. De acuerdo con Abady, se convierten en las moderadoras entre los sumisos y sus fantasías.

Abady recuerda de forma vívida el momento en que el significado de su trabajo realmente hizo click en él: estaba fotografiando a una dominatriz y un cliente que vino a ella para ser “momificado en cinta adhesiva.” Siguiendo el ritual, al cliente se le permitió “escapar dentro de sí mismo” con la orientación de la dominatriz antes de ser liberado del adhesivo. La sesión completa requirió de dos horas, y fue muy parecido a una sesión de terapia. El cliente tenía un defecto de nacimiento que le afectaba la columna vertebral y le paralizó las piernas. A través de sus sesiones, fue capaz de alcanzar “la paz mental”.

En última instancia, Kink no es sobre lo clandestina sino sobre las necesidades, miedos y deseos humanos. En un mundo donde tan a menudo las cosas son mal entendidas o guardadas como un secreto, Abady logró encontrarse con honestidad y conexión emocional, con la amistad y la ternura.

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