Articulo

El juego y el sexo anal son dos prácticas sexuales que le van de perlas a las escenas BDSM. Una buena manera de escenificar la autoridad con una imagen especialmente simbólica es la de penetrar analmente al sumiso o sumisa. La higiene en ambos casos es fundamental, así como el pacto absoluto y sincero entre la parte activa y la pasiva. Bien realizado, el sexo anal puede ser una fantástica fuente de placer.

Juego Anal

Si hablamos de juego anal estamos hablando de una estimulación agradable de la zona anal, no de penetración. El juego anal es una práctica común en los juegos BDSM.

Para practicar estos juegos hay que tener en cuenta un detalle: nada de lo que toca la zona anal (un dedo, un juguete sexual…) debe entrar en contacto con la vagina. Este tipo de contacto puede causar graves infecciones del tracto urinario femenino. El juego anal requiere una limpieza extrema y la utilización de un lubricante artificial. No sólo la saliva basta. Ten cuidado con los lubricantes anales “desensibilizadores”. Necesitas saber lo que está pasando. Necesitas sentirlo. Piensa que la molestia es una manera que tiene el cuerpo de protegerse a sí mismo.

Para iniciar el juego, coloca a tu sumiso a cuatro patas y practica el sexo oral hasta que su excitación aumente. Cuando lo haga y sea más receptivo a este tipo de juego, aplica una ligera presión en el ano con un dedo lubricado, un vibrador o unas bolas tailandesas. Si notas que no ofrece resistencia, penétralo a tope. La novedad y la sensación pueden intensificar el orgasmo.

Una mujer dominante que quiera iniciar el juego anal puede realizar esa felación y llevarla casi hasta el límite. Cuando esté cerca de él, puede estimular la zona anal del macho sumiso o incluso introducir en el ano su dedo lubricado o algún tipo de juguete sexual. Seguramente el hombre llegará al clímax y, en un próximo juego, se mostrará más receptivo a recibir en el interior de su ano esa estimulación que la dominante le ofrece.

El masaje prostático es el aspecto más agradable del juego anal para muchos hombres. La glándula prostática es parte del aparato urinario masculino y del sistema reproductivo y se localiza justo debajo de la vejiga. Juega un papel importante en la producción de semen y en la eyaculación. La próstata puede ser externamente estimulada por prensado o mediante masajes en el perineo, la pequeña área que se extiende desde detrás del escroto y hasta el ano. Esos masajes proporcionan una profunda sensación de placer. Realizarlos con los nudillos, con algún tipo de vibrador o con otro tipo de juguete erótico mientras se realiza la felación puede ser una fantástica manera de aumentar el placer proporcionado por la misma.

Renunciar a los placeres que proporciona el juego anal por prejuicios culturales es limitar la capacidad de goce. ¿Se es menos hombre por dejar que el ano masculino sea estimulado, acariciado, lamido o penetrado? Esa es una respuesta que debes plantearte y contestar. Cuando lo hayas hecho, actúa en consecuencia.

Sexo Anal

La penetración sexual anal puede ser una experiencia agradable para los hombres y las mujeres, en particular si dicha penetración se produce durante el desarrollo de una escena BDSM. Son muchas las mujeres que disfrutan de una doble y simultánea penetración de vagina y ano gracias a la intervención conjunta del pene de su pareja o de algún juguete sexual utilizado para el caso. El hombre puede disfrutar también del sexo anal desde las dos posiciones o roles. Dador o tomador, el hombre puede penetrar o ser penetrado, y gozar así de ambos modos.

No es demasiado común entre los hombres heterosexuales que estén acostumbrados a la penetración anal, a ser penetrados analmente. Sin embargo, las bolas tailandesas y tapones anales pueden aportar una experiencia nueva y excitante a estos hombres. Son muchas las sondas anales que están diseñadas para estimular la próstata, algo muy placentero para los hombres. Cuando esa estimulación prostática se realiza al unísono con una felación, el orgasmo puede resultar maravillosamente intenso.

El plan de juego para incorporar el sexo anal en el juego BDSM que quieras practicar con tu pareja debe ser lento y seguro. Si, además, es elegante, pues mejor que mejor. Hay que tomarse las cosas con calma y tranquilidad, sobre todo cuando se realiza por vez primera, proceder con cuidado y, como siempre decimos, manteniendo abierto todos los canales de comunicación posibles entre vosotros para recordar dónde tenéis los límites y cuáles son vuestras palabras de seguridad. Un lubricante sin desensibilizador es esencial y en modo alguno debe existir transferencia de gérmenes entre ano y vagina. En todo caso, hay que tener en cuenta que, muy probablemente, no sea conveniente aplicar de manera estricta las reglas de la dominación y la servidumbre a la práctica del sexo anal hasta que no adquiera una cierta experiencia. Si no es así, es fácil que lo que puede convertirse en una fantástica y placentera experiencia se convierta en algo no tan agradable ni placentero.

Cuando los socios estén familiarizados con el sexo anal y lo practiquen con facilidad, podrán incorporar elementos BDSM en su práctica, incluyendo aquí la servidumbre. Será el momento de poner en juego los juguetes eróticos destinados a este tipo de práctica sexual. Las sondas y los vibradores pueden utilizarse en sentido fálico. Pueden penetrar y retirarse al ritmo que deseéis y os resulte más placentero. Los tapones anales y las bolas tailandesas, por su parte, pueden permanecer en el interior del ano mientras se practican otras modalidades sexuales. Esto puede producir una agradable sensación de plenitud. La correa con consolador o dildo incorporado puede servir a la mujer dominante para penetrar analmente y castigar así a su macho sumiso.

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