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Quizás la primera imagen que se nos viene a la mente en el mundo de la dominación/sumisión es el dolor junto con el cuero y látex. Pero hay también otro componente muy importante en estas prácticas que es la humillación, traducida en insultos y trato despectivo.

El sumiso/a se excita al ser tratado “mal”, se siente bajo el control del amo/a que con la humillación afianza su poder sobre el/ella. El placer en estas situaciones tiene un claro componente psicológico, unido a la adopción de un determinado rol y está relacionado con el masoquismo. Las personas dominantes también pueden excitarse al despreciar al otro/a.

¿Y cómo se humilla en los juegos sexuales? Con el insulto verbal, con unas simples bofetadas o escupiendo al sumiso/a. Esta última práctica se conoce en el argot como spitting o “lluvia plateada“. Es habitual que el/la dominante llame “perro/a” al sometido y le trate como tal haciéndole caminar a cuatro patas, poniéndole un collar y paseándolo con correa, haciéndole comer o beber de un plato en el suelo u ordenándole besar y lamer los zapatos del dominante. En sumisos hombres, es interesante el juego de la feminización, donde se viste al sumiso de mujer (con tacones, ropa interior femenina) y se le hace comportar como tal (puede que en tareas domésticas y también en sexuales). A éstos se les llama “sissy“. La excitación para el sumiso/a puede aumentar cuando la humillación es en público, estableciéndose así una relación con el exhibicionismo.

La obtención de placer sexual mediante la humillación se vincula con la actitud dominante que asume la pareja en esos momentos. Este tipo de excitación se clasifica, en psicología, como parafilia (comportamiento sexual donde la fuente del placer no está directamente en el acto sexual propiamente dicho, sino en objetos o comportamientos). Las parafilias no son necesariamente patologías, lo pueden llegar a ser cuando pueden dañar a uno mismo o a otros o cuando se convierten en una obsesión que interfiere con la vida habitual.

Autoestima y humillación

Estos juegos se realizan dentro de un contexto de confianza, consentimiento y respeto donde cada una de las partes sabe lo que quiere. La humillación solo se practica en una determinada situación, para conseguir un ambiente concreto, dentro de un juego. Fuera de ahí, no cabe pensar en llevarlo más allá. La autoestima propia del sumiso/a, en una relación sana, no se ve afectada por estas situaciones en las que cada uno sabe que adopta un rol determinado.

No hay que intentar racionalizar estas prácticas porque seguramente no le encontraremos una explicación. La explicación se basa en el disfrute del sexo a través de aquello que nos proporciona placer. Se basa en vivir una sexualidad sana y libre como forma, también, de calidad de vida.

La erótica de la humillación
publicado en https://lolapoch.wordpress.com/2014/06/15/la-erotica-de-la-humillacion/ por Arola Poch

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