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Un deseado encuentro

Me dirigía hacia el centro, donde había quedado con Pedro. El tráfico se había puesto imposible, pero él solo se quedaría en mi ciudad una sola noche, así que tenía que aprovechar. Había venido por un asunto de trabajo y, por suerte, eso ya estaba terminado, así que podría hacerle un poco de turismo antes de que se fuera. Aparqué y me dirigí hacia la cafetería donde había quedado con él. Nada más entrar lo vi sentado, tomando un café. Él me saludó y yo me aproximé. 

-Cuánto tiempo sin verte, Noelia-me dijo mientras se levantaba. 

-Pues sí. Ya era hora de que quedáramos, Pedro-respondí mientras le daba un par de besos en las mejillas. Nada más sentarme, Pedro automáticamente pidió un descafeinado de máquina para mí. Sonreí al darme cuenta de que se acordaba perfectamente de cómo me gustaba tomar el café. Durante un buen rato solo estuvimos hablando, pero anochecería en breve, así que nos tomamos nuestras bebidas con rapidez para salir a pasear. Salimos a una de las plazas principales del centro. 

-¿Sabes lo que hay cerca de aquí?

-Pues claro. A nuestra espalda está el Ayuntamiento. Por esa calle de la izquierda se llega a la Catedral. Por la que está frente a nosotros se lleva al Museo Arqueológico y...

-No me refería a eso. 

-¿Entonces?

-A un par de calles está mi hotel. 

-¿Y qué?

-No esperaba que tuviera que explicarlo-sonreí ante su cara de disgusto. 

-Solo somos amigos y lo sabes. 

-Con gustos similares. 

-Ya quedamos en que tú y yo no encajábamos como Amo y sumisa. 

-Solo lo decidiste tú. 

-Bueno, soy la sumisa. Solo yo puedo decidir a quién me entrego. Y no nos convendría por la forma de ser que tenemos cada uno. Yo soy inestable en cuando a mi sumisión, y tú eres demasiado posesivo. Acabaríamos peleándonos cada dos o tres días. 

-Pero después nos reconciliaríamos-susurró acercándose a mí, mientras su cuerpo empujaba al mío suavemente hasta que acabé contra una pared. Colocó su brazo junto a mi cabeza, intentando intimidarme con su cercanía. Aunque consiguió todo lo contrario. Me puso muy cachonda con esa acción. No era la primera vez que esto pasaba entre nosotros, pero siempre terminábamos enfadando por la manera tan diferente de ver el BDSM que teníamos cada uno. Yo quería algo más sutil, una relación sin complicaciones, donde cada uno pudiera tener libertad de hacer lo que quisiera con quien quisiera. Pedro quería una relación a largo plazo, estable y monógama. 

-Pedro, ya sabes que...-mi frase se quedó a medias cuando él se acercó a mi boca para devorármela con tanta ansia que solo pude someterme a su fuerza dominadora. Le quise rodear el cuello con mis brazos, pero él me sujetó las muñecas con sus manos y me las apretó contra la pared. No podía negarme a él, nunca había podido y nunca podría. Los siguientes minutos pasaron ante mí sin darme apenas cuenta. Cuando me centré un poco en lo que había a nuestro alrededor, me di cuenta de que estábamos en un ascensor. Cuando sonó el típico sonido de campanilla al llegar al piso que Pedro había marcado, salimos a un largo pasillo, por lo que vi que estábamos en un hotel. Cerré los ojos cuando él volvió a besarme, invadiendo mi boca completamente con su lengua, y para cuando los volví a abrir estaba boca arriba sobre una cama, con Pedro sobre mí y quitándome la ropa poco a poco. 

-Ninguna otra mujer me pone tan cachondo como lo haces tú-me dijo mientras me bajaba el tanga lentamente con las piernas. Me levantó el pie hasta llegar a la altura de su cara, y me la besó suavemente mientras sentía sus ojos centrados en mí-. Mírame-lo obedecí y al ver el deseo reflejado en todo su rostro me mordí el labio inferior mientras abría sutilmente mis piernas. El sonrió al notar lo que yo estaba haciendo-. Date la vuelta y ponte a cuatro patas. 

Hice lo que me pedía y solté un pequeño gemido cuando me dio un azote. Después me agarró las caderas y me colocó en la postura en la que él me quería. Su mano paseó por mi espalda, obligándome a bajar el torso hasta que mi cara acabó contra el colchón. Después sentí como hacía ruidos mientras buscaba algo en el armario. Sabiendo que a él le gustaba que me quedara en la postura en la que él me disponía, no me moví ni un milímetro, por lo que no podía saber qué es lo que estaba tramando. 

-¿Sabes qué voy a hacerte?-yo solo negué con la cabeza-. Doble penetración. Tengo aquí un consolador con arnés para penetrarte a la vez, pero como no quiero sentir solo uno de tus agujeros me voy a poner dos arneses. Así podré alternar en tus agujeros. Desde fuera mi aspecto se ve bastante estúpido, pero el placer será muy bueno. Tanto para ti como para mí. ¿Continúas llevando el culo preparado para cualquier emergencia?-preguntó mientras me daba un par de azotes que me dejaron un hormigueo delicioso en las nalgas. 

En vez de responder, decidí hacer una pequeña demostración. Me abrí las nalgas con las manos y me metí dos dedos en el culo, el cual se abrió al momento, demostrando la elasticidad que tenía mi culo sin preparación previa por su parte. Escuché un gruñido de placer seguido de otro azote que me hizo cerrar los ojos y abrir la boca mientras soltaba un jadeo. Sentía como me goteaba el coño a la espera de que me dominara más duramente. Como lo había echado de menos. 

Lo siguiente que sentí fue como sus manos apartaban las mías de mi culo y como su polla entraba en mi culo a la vez que el consolador de uno de los arneses se metía en mi coño. La espalda se me arqueó sin control ninguno por mi parte mientras soltaba un grito al sentirme tan llena. Pedro me sujetó con fuerza por la cintura y comenzó a follarme sin tregua y a un ritmo endiablado que me hacía sentir completamente abierta para él. Estaba llegando tan profundo que sentí que mis entrañas se contraían y estaba a un par de arremetidas más de correrme. 

Pero el orgasmo no llegó porque en ese momento me sacó su polla y el consolador. Yo solté un grito de enfado que pasó a ser uno de placer cuando volvió a penetrarme, aunque en esta ocasión su polla iba a mi coño y en mi culo fue el consolador. Puede que pareciera completamente estúpido con dos arneses puestos, pero era tremendamente efectivo. Además, con lo posesivo y celoso que podía llegar a ser, era el único modo en el que podría tener una doble penetración con él. Me apreté fuerte contra él, consiguiendo que las penetraciones fueran más profundas aún si es que eso era posible. De pronto y sin previo aviso, el orgasmo me atravesó. Fue tan demoledor que sentí como mis uñas se clavaban en mis palmas y mis piernas se cerraban como por un mecanismo automático mientras que todo mi cuerpo era recorrido por numerosos escalofríos. Pedro paró de penetrarme durante unos minutos hasta que me pude recuperar, pero en cuanto volví a respirar con normalidad, él se apretó contra mi espalda y me susurró al oído. 

-Supongo que estarás preparada para el resto de la noche, ¿no?-sonreí mientras asentía lentamente con la cabeza, mientras mi interior volvía a apretarse alrededor de él. Buena noche que me esperaba bajo las órdenes de Pedro. 

 

Me desperté lentamente. Me dolían hasta las pestañas. Joder, parecía que me habían dado cuatro palizas juntas en una sola noche. Me giré en la cama y vi que estaba sola. Cuando levanté la mirada vi que la maleta que anoche estaba junto a la mesa, ya no estaba, así que supuse que Pedro se había ido hacía ya rato. Me levanté de la cama con cuidado y me senté en la cama con cuidado. Entonces me di cuenta de que tenía algo rodeándome el cuello. Lo palpé y me di cuenta de que era un collar metálico con una argolla en la parte delantera, pequeña y decorativa. Era un collar de perra. Ni siquiera me había dado cuenta de en qué momento durante la larga noche que habíamos vivido me lo había puesto. Llevé las manos hacia la nuca para quitármelo, pero no se abría. Intenté encontrar la pestañita o lo que fuera que estaba cerrando el collar, pero parece que no había. ¿Qué cojones?

Entonces me di cuenta de que en la almohada de al lado había una carta. Cuando la abrí, reconocí la letra de Pedro al instante:

"Buenos días, preciosa. 

Siento haberme ido sin despedirme, pero he tenido que salir antes de lo esperado. Ya que no he podido ni darte un beso de despedida, he decidido darte un pequeño regalo. Supongo que ya habrás visto el bonito collar que te he puesto y que habrás intentado quitarte, pero no te va a resultar nada sencillo hacer eso. Yo soy el único que tiene la llave para abrirlo. Esta vez no te me escaparás, pequeña. 

Muchos besos de parte de tu Amo.". 

rory Mar.17.2020 2 83
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rory
media/images/membership/member.png Mujer esclava
27 años, Sevilla
Mar.17.2020 (hace 19 dias)
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