___

Sexo y Violencia II

 

A mi las gallinas no me gustaban nada. Las muy guarras se cagaban por todos los sitios y como los chavales íbamos en pantalones cortos a veces pasaba que te sentabas en un tronco y notabas el guano mocoso en la pierna. Tampoco me gustaba como te miraban con esos ojos anaranjados que parecía que te estaban deseando lo peor. Así que cuando la abuela ponía agua a hervir, yo me alegraba. La abuela se acercaba con el cacharro del grano y ellas acudían como locas a picotearlo todo. Entonces, zas, agarraba a la más regordeta y se la ponía en el regazo. La sobaba el pescuezo un rato, como si acariciara a un perro y cuando la gallina se tranquilizaba, raca, un corte en todo lo alto de la nuca con el cuchillo, no veas como aleteaba la jodía hasta que se moría desangrada. Luego al agua hirviendo para desplumarla, que se llenaba todo el patio de plumas mojadas. Alguna vez nos hicimos un penacho de indios Sioux, pero daba mucho asco llevar todas esas plumas mojadas en la cabeza. Después la rajaba y le sacaba con mucho cuidado la bolsa de la bilis que si se rompía la carne sabía amarga decía. Yo siempre esperaba a que le cortara las patas. Si tirabas del tendón se abrían y cerraban las garras, y asustabas a las niñas pequeñas. Las gallinas tienen las uñas muy afiladas no como esas que se ven en las carnicerías que las hacen la manicura.

Pero lo peor era cuando se ponían cluecas que se hinchaban y olían que apestaban. Además no había Dios que se acercara a ellas, bufaban como locas. Si veían pasar un gato se le tiraban a picarle en la cabeza, que les metían unos picotazos que los dejaban turulatos. Porque los gatos no paraban de rondar a los pollitos. Sobre todo los gatos asalvajados, una vez acorralamos a uno que se metió en casa de la pastora y lo matamos a perdigonadas con las carabinas, tardó en morirse lo menos una hora y tuvimos que meterle plomos sin parar. Luego lo fuimos paseando de casa en casa, porque en todas había cluecas, unas mujeres nos daban dulces, otras dinero y todas nos decían que éramos muy buenos y nos besaban. También nos daban los gatos recién nacidos para que los matáramos. Los metíamos dentro de un saco y los estampábamos contra una pared. Nosotros queríamos mucho a los gatos pero sabíamos que todos no podían vivir. Mi abuela se ponía negra con la gata, siempre se iba a parir a las camas y mira que la daba tenazazos, pero nada cada vez que paría le ponía las colchas llenas de churrete, eso sacaba de quicio a mi abuela.

Los gallos si me gustaban porque tenían unos colores muy bonitos y cantaban muy bien, además daba gusto verlos pelearse por las gallinas. Que no se por qué, porque luego se subían, nada, un momentito y ya está. Si queréis saber si una gallina es guapa fijaros en su cogote, si lo tiene completamente pelado es que es la Brigitte Bardot de las gallinas, en cambio otras que deben ser las feas los gallos nunca se les suben y tienen el cogote lleno de plumas.

Aunque me gustaban los gallos a veces íbamos a correrlos, el truco es no cansarse, porque si te cansas antes que él y te das la vuelta entonces se viene a por ti y se te tira encima de la espalda, clavándote los espolones y el pico. Los corríamos hasta la ermita y a veces más. Pero a veces te hacía un quiebro y entonces ya no podías perseguirlo porque se subía a las paredes de los cerraos.

 

Abusador May.28.2017 0 1674
1 votos
Post info
Abusador
media/images/membership/member.png Hombre Dominante
57 años, Madrid
May.28.2017 (hace 1339 dias)
Acciones
Publicidad
300x250