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Perder el camino

            ¿Por qué me sonreíste? Tu no lo sabes, pero llevo una mes sin dormir obsesionado contigo. Un mes. En realidad una expedición al polo sur, cada día más frío y tormentoso que el anterior. Y vas y me sonríes. Y me dices con tus ojos que el sol brilla como ningún otro día de esta primavera. Como si tuviera alguna importancia el sol, como si a partir de ahora existiera abril. 

            En este último mes he sufrido mil muertes de mil formas diferentes, y en todas ellas mis últimas palabras fueron tu nombre. Cada mañana, al despertar, ardo como unos altos hornos. Y el resto del día es peor, porque tengo conciencia de ello: sabía que la felicidad era el juguete tras el escaparate de un bazar del pasado. Mi voz se construyó mientras pronunciaba las palabras con las que me dirigía a ti. Me hice hombre soñándote. Descubrí que eras el dibujo de la palabra deseo que tantas noche imaginé. Tus labios, tus formas marmóreas de diosa con nombre impronunciable, tu tacto de niebla ocre con sabor a canela se hicieron realidad aquella tarde del parque miradero, cuando naciste de la inmensidad justo a mi lado, apoyada en la verja y dijiste: "qué tarde más buena y que rojo se ve el horizonte ¿verdad...?" 

            La primera vez que me miraste tenías ese reflejo a sangre que pedía tu sonrisa. Yo entonces no lo sabía, pero ahí estaba. Ahora lo veo bien claro. Entonces era un chiquillo. Visto así no tenía ninguna posibilidad de comprenderte. Seguro que fue lo primero que sentiste cuando me rozaste. Pero algo de mí te atraía con una fuerza irremisible e insana. Ahora da risa, pero recuerda la cara que puse cuando nos quedamos a solas y después de besarnos y requetebesarnos, emergiste de mis brazos para mostrármela de nuevo: "pégame", me dijiste, excitada, fuera de sí. "Pégame. Pégame, fuerte, te necesito. Pégame", me gritaste impenitente, obsesiva, hasta que rompiste la plancha de cristal blindado que protegía mi cerebro. Hasta que se fundió mi sentido de la normalidad y se redefinieron mis instintos hacia las formas de tu deseo. Y te pegué. Por primera vez. Así fue como afrontamos la puerta del placer. De la mano. Exaltados. Enfebrecidos. Y así fue como descubrí el color de tu sangre y como me emborraché de ella y de esa vorágine de placer y dolor que arrancaba a cada uno de mis golpes, tiñendo de luz esas formas celestiales que tanto amaba.

 

            Pero hace un mes me sonreíste de nuevo. Después de tantos años, y detuviste mi camino. Apareciste igual que la diosa de mi memoria. Te vi desde el tranvía mientras mirabas un cartel. Luego volviste tu rostro. Nuestros ojos se cruzaron. ¿Por que me sonreíste? Llevo un mes sin dormir. Realizando una y otra vez este camino del tranvía mientras te imagino o te sueño. Lo sé. Me he perdido en un bucle absurdo de la memoria, he dejado el camino.

Dobs Mar.27.2017 5 1519
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media/images/membership/member.png Hombre Amo
51 años, Toledo
Mar.27.2017 (hace 1401 dias)
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