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La feminización

 

Una de las prácticas más complejas de entender es la feminización del sumiso. A mí misma me costó entenderlo de la misma manera que me ha costado encontrar la manera de explicarlo. No me parecía lógico escribir una entrada con la argumentación de “a mí me gusta”. Quería poder entenderlo bien para ser capaz de escribir sobre ello.

 

He leído de todo tipo de argumentos a favor y en contra de esta práctica. Desde mujeres que se definen feministas descalificando la feminización hasta auténticas convencidas de la legitimidad de esta práctica. Quién puede invadir o cuestionar el derecho de la práctica de la feminización siendo esta consensuada. Nadie. Por qué lo hacemos y disfrutamos con ello es el objetivo de esta entrada.

 

Como primera instancia habría que señalar que existen dos tipos de feminización, una es la de los crossdresser, hombres que disfrutan con el transformismo, los conocidos fuera del ámbito BDSM como travestis, que se abordará en una entrada posterior en la que tiene cabida la sissyficación, y, en segunda instancia, la feminización forzada. Dependiendo de cómo vivan esa feminización, si es una necesidad o si por el contrario le resulta humillante, son las claves para poder saber qué tipo de sumiso es y, de esa forma, poder actuar con ellos.

 

Un crossdresser no va a sentir humillación al ser feminizado, aunque sea heterosexual. Una inmensa mayoría son heterosexuales. Necesita sentirse y vestirse de mujer. Un sumiso no crossdresser sí. Empecemos por estos últimos.

 

Los sumisos no crossdresser suelen sentir con la feminización un tipo muy concreto de humillación. Algunos rechazan esta práctica y es un límite infranqueable. Los que no lo tienen como límite absoluto son los que más me gustan. Es decir, que exista cierto rechazo. Eso me resulta francamente estimulante.

 

Cuando el sumiso varón y heterosexual, consigue transgredir su educación y sus prejuicios, es capaz de no estar condicionado por su sexo biológico, apartar los condicionamientos sociales, se olvida del sí aprendido desde la infancia y se entrega, puede convertirse en objeto, perro, mujer, caballo, o lo que se desee hacer con él. Deja de pensar, la razón queda fuera, los prejuicios se disuelven y cede su cuerpo y su mente para el placer del Dominante.

 

A muchas Dominantes, no a todas, muchas no le ven ningún estímulo ni sentido a la feminización, nos gusta que ellos sientan de otra forma. Bien hacerlos mujer poco a poco, o emputecerlos, o que nos sirvan. Hay muchos recursos en este ámbito. Mi consejo, si me permiten, es hacerlo muy despacio en el caso de que él no haya tenido experiencias anteriores en este tema. El sumiso está para complacernos, sí, pero es una persona.

 

Una vez que salga de rol hay que estar muy atentas al aftercare al empezar con la feminización porque ese hombre va a recuperar todo lo aprendido en relación de su sexo, toda la carga social que lleva ser hombre varón, sus prejuicios. Si en sesión él ha reaccionado bien, lo hemos visto cómodo e incluso con un nivel de excitación alto o muy alto, no tenemos que olvidar que la sesión es un paréntesis en su vida. Un espacio paralelo en donde puede ser completamente libre, donde puede experimentar y sentir, depositando la culpa, si la hubiera, en la Dómina. La Dómina es la garante de su placer y asimismo somos responsables y gestoras de la culpa que tras la sesión pudiera sentir. Nuestra obligación como Amas es sostenerlo, minimizar esos sentimientos y ayudarlos a evolucionar.

 

Podemos pensar que feminización y sodomización puede estar emparentados, Yo lo veo relacionado, y muchos ven que son cosas distintas. Admiten la segunda y no la primera por el hecho de que el placer sexual del sexo anal en los varones es incuestionable. Otros viven la sodomización como pura humillación sin placer anal. Sea como sea todo depende del deseo, la fantasía y el placer. La combinación de ambas prácticas lógicamente potenciará mucho más la experiencia para ambas partes del rol si es deseo de la Dómina.

Al estar tan relacionado con la humillación, insisto en la conveniencia de, primero, conocer muy bien al hombre y sus prejuicios, sus miedos, sus deseos, su autoestima, si podemos tocar sin querer algo no resuelto de su pasado que podamos herir, segundo, conocer al sumiso, sus prácticas anteriores, si ha sido feminizado con anterioridad o jamás lo ha hecho antes. Indagar en el caso de que lo haya hecho cómo se ha sentido. Un sumiso con bagaje no va a plantear problemas, en principio, si es sincero. El sumiso con experiencia antes de la sesión te dará la pautas de cómo debes plantear la sesión con él. Cada sumiso es un mundo y Nosotras estamos para disfrutar sacando el mejor partido de ellos en cada momento.

 

Por último, añadir que, si en principio Yo misma no veía lo erótico de esta práctica de la feminización, fue una sorpresa inmensa descubrir mi propia diversión, mi sadismo, mi placer al feminizar. Mi placer al sentir el placer del sumiso, un placer vivido desde la libertad de la sumisión.

https://scheherezadedom.com/2018/02/07/la-feminizacion/

Scheherezade Feb.08.2018 7 1424
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Feb.08.2018 (hace 645 dias)
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