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Extasis (parte2)

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Sacó la mano medio amarrada y la llevó sin más al muslo de la mujer, que, en esta ocasión no tenía las piernas cruzadas. Comenzó a acariciar con suaves movimientos al tiempo que de cuando en cuando le daba alguna palmada suave.

Ella estaba con los ojos cerrados, detalle que no se podía percibir, por tenerlos tapados, aunque su respiración, cada vez más agitada, la delataba sin remedio.

Sentía escalofríos por todo su cuerpo, una humedad caliente que salía hacía sus muslos, algo inusual sin los tocamientos a los que ella estaba acostumbrada, esta vez era su mente la jugaba, la que deseaba que ella, se rindiese, se dejase llevar y aflorar todos y cada uno de los pensamientos que la llevaban a un mundo en el que para ella, lo más importante era complacer al hombre. Éste notaba la excitación de su compañera y eso le gustaba, quería proporcionarle todo el placer del que pudiese ser capaz de infringir, estaba dispuesto a llegar a lo más profundo de ese ser que se entregaba a él sin miedos, con confianza, con cariño y verdadera devoción. Habían pactado ir despacio para hacer de la relación algo que ambos no olvidasen jamás, sería el primer pilar para afianzar sus deseos.

Tocó por encima de la falda de la mujer, cómo buscando algo, hasta que localizó la cremallera que la abría a lo largo de la misma, una vez localizada, tomó del tirador y la abrió un poco, recorría el muslo vestido con los pantis de redecilla sabiendo que, en el momento más inesperado se los arrancaría, sin más, subió con sus manos hasta alcanzar el sexo de la mujer, al percatarse de que no llevaba ropa interior y que los pantis tenían abertura, el hombre, comenzó a excitarse de sobre manera, decidió poner los intermitentes de avería y parar en el arcén. Abrió la portezuela del coche lo rodeo y abrió también la de la mujer a la que antes de entrar en acción, proporcionó un dulce beso, mientras su mano se deslizaba sigilosa en el escote de ésta buscando, en silencio, el motivo por el cual no había podido cogerle el pecho a su antojo. Encendió la luz de cortesía y pudo comprobar con satisfacción que, ella, su sumisa, llevaba un corsé de color negro.

La siguió besando hasta alcanzar de nuevo la cremallera de la falda que estaba en la parte izquierda de la mujer, a la altura del muslo, no cabía duda de que le resultó la mar de sexy al verla y comenzar a imaginar en subirla para desabrochar la falda, daba juego la estrategia con la que estaba colocada esa cremallera. Tomó del tirador y la subió hasta la cadera de la mujer, esto dejaba sus muslos en libertad, su curiosidad podía más que el y tenía que descubrir si el corsé era tipo body o acababa en la cintura. Surcó los muslos de la mujer, invitándola a abrir las piernas. Ella estaba segura de que se iba a llevar una grata sorpresa al comprobar el estado en el que se encontraba sin apenas haberla tocado.

- ummm- exclamó agradecido el amo- mi niña viene bien preparada-dijo al comprobar que la mujer estaba totalmente depilada y sin bragas. Él estaba muy excitado aunque el lugar no era el más adecuado debido a la peligrosidad de la autovía, sacó sus dedos empapados del sexo de la mujer y la obligó a lamerlos, a continuación hizo lo mismo y, así, con el sabor de la máxima excitación, cerró la puerta de la mujer y volvió a tomar posesión del volante.

- Estoy muy caliente- susurraba mientras conducía- y tú, mi putita ardiente me vas a complacer en todo lo que yo te ordene. Te voy a follar toda, todos y cada uno de tus agujeros, te voy a llenar ese coño de mi leche caliente y vas a suplicarme que te de más.

-A trescientos metros tome la primera salida- interrumpió la voz del gps, hizo caso a las indicaciones sin dejar de susurrar todo cuanto le iba a hacer a su esclava, subió un puente, pasó dos rotondas y se adentró en una carretera comarcal sin iluminación.

Puso las luces largas, estaba a unos siete kilómetros de su destino pero, demasiado impaciente como para no aprovechar la ocasión que le brindaba un camino de tierra que vislumbro un poco más adelante. No se lo pensó dos veces, y entró en el camino, el gps se estaba volviendo loco también indicándole que debía hacer un cambio de sentido, le quitó el volumen, aparcó el vehículo, se bajo del mismo y se dirigió nuevamente a la portezuela de la mujer. Con sumo cuidado la tomó de las muñecas y las colocó sobre el torso de la mujer para que pudiese moverse. La invitó a quedarse sentada y ayudó para que pudiese sacar las piernas del coche. Piernas que abrió a continuación para colocarse en medio de estas. La mujer intuía la pretensión de su amo y estaba dispuesta a comenzar a complacerle, desabrochó el cinturón, los botones del vaquero y los bajó hasta las rodillas, su boca mientras estaba mordisqueando con sumo cuidado la tela del calzoncillo de su señor, buscaba con la punta de su nariz la virilidad del miembro de éste y una vez alcanzado el mismo, con cuidado y la ayuda de sus dientes y manos atadas aún bajó el calzoncillo para poder rozar su rostro con el falo del hombre táctilmente afectado. Éste cogió a la mujer por la cabeza e introdujo su miembro en su boca, obligándola a llevar el ritmo que marcaba con su propia mano...

El hombre gemía bajo los vaivenes de la boca de la mujer mientras ella, comenzó a moverse en el asiento, estaba visiblemente excitada, el exceso de saliva hacía que el pene de su amo se deslizara con total soltura hasta llegar a su garganta, cuando le daban arcadas, su ya amo, aminoraba el paso y seguía, necesitaba seguir sintiendo esa humedad de su boca, su pene estaba totalmente lubricado gracias a ello y a que, dejó escapar su líquido pre seminal. Estaba encantado con la hembra que tenía su merced y quería poseerla, marcar a su sumisa. Tomó a la mujer por sus axilas, la sacó del coche le dio la vuelta y sin mediar palabra subió la falda que aprisionaba sus muslos, metió su mano por entre las mismas y al comprobar el volcán en plena erupción que emanaba lava y se deslizaba por el interior de sus muslos. La tomó de las caderas, inclinó hacía delante mientras ella apoyaba sus manos sobre el asiento del copiloto y sin más preámbulos la hizo suya, primero con delicadeza, luego con fulgor hasta que ambos estallaron al unisono. Se quedó parado dentro de la mujer, apretado contra sus nalgas sin querer sacar su miembro, necesitaba sentirla, tenerla, sentirse dueño y señor de tan espectacular hembra. Finalmente el hombre se arrodilló detrás de ella y limpio sus muslos con su lengua, fue subiendo despacio hasta alcanzar el clítoris de su potra al que agasajo con un exquisito masaje lingual mientras azotaba sus nalgas, la mujer estaba rabiosamente excitada, sometida y feliz, no tenía dudas, era él, su amo ese al que había estado esperando tanto tiempo. El hombre siguió masajeando el sexo de la mujer con la lengua y con sus dedos hasta que está alcanzó de nuevo un orgasmo. Se incorporó, le quitó la venda y las esposas y le ordenó que se vistiera ya que estaban muy cerca de llegar a su casa. Ella con la cabeza agachada obedeció, complacida, llena, completa.

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Xyrli Sep.17.2015 0 2605
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Xyrli
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54 años, Valencia
Sep.17.2015 (hace 2104 dias)
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