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El negro Estebanico IV

El pequeño esclavo fue encadenado junto a otros esclavos y conducido a latigazos a la bodega de una húmeda galera, dónde permaneció hacinado y en la más profunda oscuridad, rodeado de lamentos, vómitos, orines y excrementos durante días. Tuvo que luchar por unos pocos mendrugos de pan empapados en agua para paliar el hambre y la sed, tuvo que dormir sobre cadáveres, arrullado por quejidos. Sentir el dolor de su revuelto estómago y las náuseas producidas por el mareo, el fétido olor y el hambre que apenas le dejaba dormir. 
Tan solo veía la deslumbrante luz del sol cuando los diablos blancos descendían a los infiernos de la bodega para recoger los cadáveres y arrojarlos al mar. Nene Mondongo perdió la noción del tiempo y de la realidad, perdió la conciencia del hambre, el dolor y el frío. Un frío que penetraba en los huesos, un dolor producido por la humedad, las úlceras de los grilletes y un hambre que le estaba matando.
 
Finalmente, el pequeño esclavo desfalleció. Fue recogido por los diablos blancos que lo amontonaron en cubierta junto a otros cadáveres para arrojarlo al mar. Sin embargo, antes de ser arrojado el galeno comprobó que un hálito de vida aún permanecía en él. 
 
- Dejadlo en cubierta que se seque al sol, aun podremos sacar unas monedas por el niño, tan solo nos quedan dos días de navegación para alcanzar el puerto de Azemur.

El pequeño esclavo fue desembarcado en el puerto de la ciudad amurallada de Azemur. Permaneció en la casa de engorde hasta que su precario estado de salud mejoró, pero a pesar de ello nadie quiso pujar por él en las subastas de esclavos, era demasiado pequeño para ser útil en los campos de trabajo y aunque en más de una ocasión se intentó venderlo haciéndolo pasar por un niño, su enorme atributo mal disimulado lo delataba a los ojos y el tacto de los taimados mercaderes portugueses.

Así que vista la imposibilidad de su venta el viejo y astuto berebere propietario de la casa de engorde decidió utilizarlo en su propio provecho, dedicándolo a su servicio en las labores domésticas de la casa, entre cuyas funciones se incluía la de ahormador de esfínteres de las jóvenes y mancebos que se destinaban a los harenes de los ricos sodomitas árabes.

Tales fueron las capacidades de descubrir las otrora impenetrables rutas del placer prohibido que sus cualidades pronto fueron famosas y apreciadas en todo el imperio, llegando incluso a recibir concubinas y eunucos de la lejana Damasco para ser ahormados por Agir Ibn’Adraya como sería conocido en adelante.

Así transcurrió la vida del pequeño penetrador Agir Ibn’Adraya durante el largo tiempo en que permaneció en Azemur, pero su destino dio un giro de nuevo, Agir Ibn’Adraya contrajo una grave enfermedad venérea y aunque sanó gracias al tratamiento que el mismo se aplicó dada su experiencia como chamán, quedó incapacitado para el oficio de ahormador.

Así que fue incluido en un lote que compró un mercader de esclavos español quien a regañadientes aceptó la mercancía ya que la peste estaba haciendo estragos en España y cualquier esclavo era comprado por muy viejo, pequeño o delgado que estuviera. De nuevo el pequeño penetrador zarpó en un barco negrero rumbo al puerto de Sanlúcar de Barrameda.
 

Abusador Nov.25.2020 0 67
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Abusador
media/images/membership/member.png Hombre Dominante
57 años, Madrid
Nov.25.2020 (hace 53 dias)
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