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El negro Estebanico III

Okapi nunca había visto un gigante negro solo había escuchado las historias de cuando los Bakongo expulsaron a su pueblo de las tierras bajas donde el rio es tan ancho que un hombre no puede cruzarlo a nado. Tras varios días de navegación a la deriva al fin pudo ver a los Bakongo, eran negros como el sobaco de un mono y tan grandes que eran casi el doble de grandes que cualquier Mbuti. Pero ellos también le vieron y le atraparon, pudo ver en su sonrisa y miradas que les hacía mucha gracia ver su desgracia valga la concomitancia. No entendía su idioma en absoluto, pero repetían continuamente Nene Mondongo, Nene Mondongo, así que entendió que este sería su nombre en adelante. Finalmente lo llevaron en presencia del gran jefe, el Manikongo Alfonso. Este era un gigantón y orondo Bakongo cuya extravagante vestimenta impresionó a Nene Mondongo. En la cabeza portaba una especie de taparrabos arrugado con una pluma de adorno, también vestía un gran taparrabos que le cubría el torso con adornos de piel, el taparrabos propiamente dicho era abultado como si el Manikongo también tuviera un gran miembro que ocultar, en las piernas llevaba unas fundas y en los pies otras extravagantes fundas, de su cuello colgaba un objeto con dos palos cruzados, objeto que también colgaba, pero en tamaño más grande encima del cetro real y al que los Bakongo adoraban y dirigían sus plegarias. Nene Mondongo entró a formar parte de la servidumbre del Manikongo Alfonso como bufón de la corte.
 
Nene Mondongo no era del todo infeliz en el reino Kongo, su señor Alfonso era piadoso y aunque le hacía actuar con extraños ropajes en los banquetes y ceremonias como correspondía a su nuevo papel de bufón de la corte, sin embargo, tenía por costumbre concederle tanto tiempo libre como de trabajo. Tiempo de asueto que Nene Mondongo aprovechaba para relacionarse con la etnia Bakongo, especialmente con el género femenino del que admiraba su capacidad de comerse una banana de un solo bocado, así como otras grandes cualidades anteriores y posteriores. Nene Mondongo a su vez también despertaba la admiración de sus nuevas anfitrionas, que digo admiración, se rifaban al pequeño bufón que poseía la cualidad de satisfacer sus bajos instintos a la par que sus instintos digamos más elevados, para concretar aquellos que albergan próximos a su corazón. Tanto era así que nuestro pequeño Mbuti a veces ni podía respirar u oír otra cosa que latidos de sus entregados corazones.  
Su señor el Manikongo Alfonso era tolerante con los devaneos de su bufón y hasta le causaban cierta hilaridad, no tanto así a sus súbditos a los que no les quedaba otro remedio que soportar las chanzas del Manikongo. Pero el destino de Nene Mondongo era otro que el ser bufón de la corte. El Manikongo Alfonso tenía una hija que era una joven belleza negra a la que había prometido enviar como monja de clausura a la corte de su majestad católica el rey Juan II de Portugal, pero esta joven además de bella era caprichosa y Nene Mondongo ni pudo ni quiso resistirse a sus encantos. 
Así que cuando los gigantes blancos desembarcaron en la corte del Manikongo Alfonso en lugar de llevarse a una joven novicia se llevaron a un pequeño esclavo.

Abusador Nov.23.2020 0 74
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Abusador
media/images/membership/member.png Hombre Dominante
57 años, Madrid
Nov.23.2020 (hace 56 dias)
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