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¿Dónde están las chicas guapas un domingo?

El otoño había llegado de golpe. En apenas un día el tiempo había cambiado del fin de verano al otoño más avanzado, sin ningún tipo de tregua. Salí a disfrutar de la ciudad con un largo paseo solitario.

Y vaya si lo fue.

Me proponía a pasear por el barrio de Sant Antoni, quizás hacer una parada en el mercado de los Domingos, y rebuscar algún libro interesante. Pero cambie de opinión y cogí la calle Consejo de ciento dirección a Paseo de Gracia, andando con la calma que te da un Domingo sin rumbo. Casi nadie por las calles, supongo que tenía mucho que ver el clima repentino de un día nublado mas acorde con principios de invierno que de otoño. Pocos transeúntes por la calle, menos aún un buen culo femenino. Unas nalgas marcadas en unos tejanos donde pudiera imaginar como sería azotar un trasero desconocido que uno pueda observar fugazmente girando una esquina o paseando delante mío.Unas mallas con los gluteos marcados por detrás o una raja por la parte delantera. Sin culos a los que admirar, las calles de Barcelona, resultaban aún más solitarias.

¿Donde se meterían las chicas guapas un Domingo?

¿Estarían viendo Neftlix en el sofá tapaditas con una buena manta? No puedo negar que el día se prestaba a ello. Dudo que estuvieran hibernando después de trasnochar  debido a la pandemia. Donde las aventuras nocturnas por la ciudad estaban bastante limitadas.

Seguí mi paseo inmerso en mis propios pensamientos, deleitándome con algunos locales y restaurantes que pronto visitaría acompañado, como nuevos ases en la manga a los que usar en el momento idóneo de la partida. Algunos edificios curiosos, a los que observe con cierta admiración, las grandes ciudades siempre ofrecen un nuevo rincón que descubrir, al igual que la mente de una mujer. Siempre un nuevo lugar que descubrir donde no habías profundizado antes. La calle Enrique Granados siempre me a parecido un reducto con reminiscencias a épocas pasadas mejores donde los paseos eran un placer de toda clase de estratos sociales. Disfrutar de las verdes y amplias calles con sus cafés. El ambiente de sus terrazas. El alegre ronroneo de las animadas conversaciones. Pero era suficiente el suave crepitar de los arboles con el aire suave y frío del cielo gris.

Pero ni siquiera ahí pude deleitarme con una buenas nalgas contoneándose. Deseaba unas nalgas a las que azotar ya fuera en los recovecos de mi imaginación o en un esporádico encuentro. Unos globos carnosos con promesas de pasión y misterio. Ver como estas se iban enrojeciendo y transmitiendo el calor después del primer contacto. Como mis manos se dibujaban primero difuminadas en la piel y con unos leves gemidos, las marcas fueran haciéndose más y más visibles con un tono rosado. A la inversa de unas huellas en la orilla de la playa que iban desapareciendo poco a poco. Los azotes con las manos. Un ensueño casi olvidado entre tanto juguete y utensilio. Piel con piel. El devenir del contacto sin intermediarios.

El calor que podía sentir desprendiéndose de mis manos hacía esas nalgas imaginarias. Y como las nalgas carnosas me devolvían el calor que desprendían de vuelta. Golpear un culo puede hacerlo cualquiera. Pero el arte del azote esconde muchos misterios que hay que querer y saber descubrir. Tanto para el que los da como para la que los recibe.

La lectura suele ser una buena respuesta a muchos momentos vitales. Deje atrás universidad y cruce Paseo de Gracia. Quizás no azotaría ningún hermoso trasero ese Domingo.

Pero la tarde de lectura podía ser un buen sucedáneo

Seguía preguntándome: ¿Donde estarían las chicas guapas y sus bellos traseros ese domingo? .

LoboSalvaje Sep.29.2020 0 36
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LoboSalvaje
media/images/membership/member.png Hombre Amo
33 años, Barcelona
Sep.29.2020 (hace 28 dias)
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